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El 80% de los pacientes que cumplen el programa de Aremi se recuperan

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lunes, 25 de octubre de 2010

Por la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Miranda han pasado en este casi cuarto de siglo miles de enfermos para efectuar desde consultas hasta apoyo, y unos 900 han completado el programa de rehabilitación


 Miles de personas han acudido alguna vez a la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Miranda (Aremi) aunque no todos han conseguido superar el tratamiento. En lista y hasta el mes de octubre 965 sí lo hicieron y se sometieron a los 3 años de tratamiento del programa. De esa cifra, el 80% ha dejado atrás el infierno en los casi 25 años que lleva funcionando el colectivo en la ciudad.
La historia de Aremi comienza hace casi un cuarto de siglo con dos enfermos alcohólicos y un jesuita que era cooperante. Los inicios fueron renqueantes porque el grupo de Alcohólicos Anónimos se había desmembrado. La primera reunión se llevó a cabo en plena calle frente al Centro de Salud Miranda Oeste. De ahí pasaron a un piso pequeño de Cáritas en la travesía Del Olmo y por entonces ya se había sumado Javier, el psicólogo que hoy también le acompaña.
El número se multiplicó ferozmente hasta llegar a las miles de consultas. «Nuestra carrera siempre ha ido ascendiendo porque la clientela no falta», dice en tono de ironía el presidente del colectivo Rafa Sánchez, quien agrega que cuando él mismo entró a Aremi «poli toxicómanos éramos muy pocos en la ciudad». Sin pelos en la lengua y con crudeza, Sánchez relata cómo antes se consumía «absolutamente todas las sustancias» y por eso hoy se trabaja también con poli toxicómanos.
Afiliados a la Federación Regional de Alcohólicos Rehabilitados (Farcal) desde hace más de dos décadas y respaldados tanto por el Plan Regional como por el Plan Nacional de Drogas, Sánchez está convencido de que siempre «hemos tenido muy mala prensa porque creo que al final, la droga y el alcohol no venden», señala, y agrega que pese a que ha pasado más de un cuarto de siglo «no ha cambiado nada. El gran problema que tiene la sociedad es la hipocresía. Todos decimos que estamos informados pero el problema siempre es del vecino de enfrente».

‘TE LLEVAN’. La primera toma de contacto entre el enfermo adicto y el grupo de ayuda no es voluntario. «Siempre es con presión, nadie viene con su propio pie, en la mayoría de los casos estás obligado, estás muy solo o porque te llevan».
Actualmente, hay unas 70 personas trabajando en Aremi tanto con los enfermos como con sus familias. Se llevan a cabo tres terapias individuales y una familiar, y también desde hace 3 meses, la Asociación comenzó con un grupo de auto ayuda en Briviesca.
A 25 años de los inicios del colectivo tampoco se ha avanzado alrededor de la detección temprana de las adicciones. Cuando una persona es ingresada con un cuadro alcohólico a cualquier centro de salud no existe contacto alguno con miembros de Aremi, algo que colaboraría en la asistencia.

LAS TINTAS. Sánchez piensa que cargar tintas contra los jóvenes «es muy fácil. Pero en cualquier bar de Miranda hay gente entre 30 ó 40 años que consume a cuchillo, y la diferencia entre antes y ahora es que con todas las drogas de diseño, nos llegan antes. Los chavales que tenemos acuden muy mal psicológicamente».
¿Qué van a decir de mi? Es, paradójicamente, una de las frases que a día de hoy se siguen escuchando en Aremi, y a esa le siguen: «Mi hijo consume por las compañías». Esa negación del problema y el miedo al juicio social constituyen una de los escollos que aún no se han superado. Y de momento, sólo dos institutos de la ciudad, el ITM y el Fray Pedro de Urbina, «tienen real interés por aprender y detectar la problemática ¿En el resto de los establecimientos educativos no existe ni nadie que se encuentre consumiendo?», se pregunta Sánchez.

APRENDER OTRA VEZ. Aremi lleva adelante una serie de iniciativas que pretenden poner en práctica una serie de aprendizajes que les doten de herramientas para afrontar «la nueva vida» de los enfermos. Y no sólo se trata de talleres extragrupales como el de cocina navideña o el de baile que empezarán en breve sino que procuran enseñar todas aquellas habilidades sociales como planchar, usar la lavadora, aprender a hacer la compra en un supermercado, que se suma a programas como el de detección de alcoholismo en los puestos de trabajo o el que se lleva a cabo con las autoescuelas de conductores. «En nuestra segunda vida, los enfermos tenemos que volver a aprender lo que habíamos olvidado», concluye.

Fuente: Diario de Burgos
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